martes, 2 de junio de 2009

Impresiones de Nueva York – Parte II

Hay tantas formas de recorrer una ciudad como turistas la visiten. Todo depende del tiempo de la estadía y las ganas de caminar. Con 21 kilómetros de largo y 4 de ancho, Manhattan es un rectángulo casi perfecto dividido a lo largo por la avenida Broadway. Este paseo empieza por el distrito financiero, en el sur de la ciudad, y termina varios días después con una siesta en el Central Park.

Wall Street…todo comenzó bajo un árbol

Fachada de la Bolsa de Valores de Nueva York

Una de las cosas que más me llamó la atención de Nueva York es lo temprano que comienza el movimiento de la ciudad. Cualquier banco abre sus puertas al público a las ocho de la mañana, los mercados operan desde las nueve y media, con lo cual en este sector de la ciudad, el distrito financiero, la mayoría de los neyorquinos llega a la oficina cerca de las siete y media.

Estoy sentada en la puerta de una sede del Citibank, esperando a un ejecutivo argentino radicado aquí para una nota y los veo pasar vestidos con formalidad, aunque algunos combinan trajes y tailleurs con zapatillas. Caminan decididos y ligerito. Un día como hoy, un lunes de Noviembre, podría ser por el frío pero veo también que cargan sus paquetes para el almuerzo entonces pienso que aquí todo pasa por optimizar el tiempo.

No pude resistir la tentación de caminar hasta Wall Street, la estrecha calle situada entre Broadway y el East River, donde se aloja la Bolsa de Valores de Nueva York. El nombre de la calle deriva de la vieja pared (wall en inglés) de madera y barro construida en 1652 como defensa contra el posible ataque de los indios que además era usada para evitar que los esclavos negros de la colonia escaparan. La pared fue derribada casi medio siglo después pero el nombre todavía la recuerda.

Cuenta la historia que a finales del siglo 18, existía un árbol justo al pie de la pared, donde los intermediarios financieros y especuladores se reunían para comerciar informalmente. Éste fue el origen de la Bolsa de Comercio de Nueva York.

Después del ataque a las torres gemelas las visitas guiadas para ver la bolsa por dentro fueron suspendidas, me explicaron amablemente en la puerta así que seguí viaje.

El silencio de Ground Zero

Vista de la manzana donde se encontraban las Torres Gemelas

Aún sin el mapa fue fácil descubrir el Ground Zero, nombre que se le dio al lugar donde estaban las torres gemelas. Caminaba por una de las calles del downtown, bien características por la oscuridad que producen los rascacielos pese al pleno sol del mediodía, cuando de golpe empecé a ver entre los edificios un enorme espacio abierto.

Es impresionante describir la sensación de vacío y angustia que provoca estar parado frente al inmenso pozo que quedó luego de los atentados. Produce escalofríos el silencio que rodea al lugar pese a estar en el medio de la ciudad.

Desde el segundo piso del Burger King ubicado en una de las esquinas del lugar, la vista es más perturbadora. Uno se pregunta ¿cómo?, ¿por qué? ¿para qué?, entre tantas otras cosas.

En Noviembre del 2004 las tareas de reconstrucción recién comenzaban y toda la manzana estaba cercada con rejas que sostenían gigantografías con fotos de aquel violento 11 de septiembre.

Muchos de los edificios de alrededor todavía mostraban sus frentes en reconstrucción y en el medio de todo eso, la capilla de Saint Paul, el edificio público todavía en uso más antiguo la ciudad. La iglesia, construida en 1766 y ubicada justo en la vereda de enfrente del Ground Zero sobrevivió al incendio que arrasó Manhattan en septiembre de 1776 y al atentado contra las torres gemelas ocurrido más de dos siglos después. En ninguna de las dos tragedias se rompió ni un solo ventanal de la iglesia.

De China a Italia con solo cruzar la calle

Una de las tantas callecitas de Chinatown

Sin duda la diversidad de culturas, etnias, lenguas es una cualidad fascinante de esta ciudad. Esta es la única urbe donde uno puede “estar” en el medio de Beijing, con todos sus sonidos, olores, colores, habitantes, negocios y hasta carteles y dos cuadras después degustar un spaghetti como en el mejor restaurante de Roma.

La diferencia entre el Chinatown y el Litle Italy es así de tajante, uno solo debe cruzar la avenida Canal.

El paseo es sobre todo divertido. En el barrio Chino uno se siente tentado a comprar cualquier cosa, hay replicas de todo y para todos los precios. Te probas al pasar un par de anteojos o un sombrero y los chinos te persiguen por varios metros para encajarte desde una cartera hasta el kimono.

Los locales de venta de especias, verduras, te y otros alimentos son un capítulo aparte. En pleno Manhattan uno puede conseguir ingredientes tan exóticos como en cualquier mercado de China. Para los amantes –intrépidos- de la comida china este es un lugar único.

Al entrar al barrio Italiano, en cambio, el bullicio y la cantidad de gente disminuyen. Predominan los restaurantes y hasta encontramos una de esas clásicas heladerías italianas donde los helados están expuestos a la vista y uno elige más tentado por el color que por el deseo propio.

Caminando hacia el norte, siempre por la Broadway aparece el Soho, un distrito de tendencia, que se hizo famoso -entre otras cosas- por los locales de diseñadores y las galerías de arte y hoy está invadido por las grandes marcas. De todas formas tiene un encanto muy especial que le dan los edificios antiguos, las mesitas de los café en la calle (al mejor estilo Paris), las calles angostas y la movida de gente los fines de semana hace desbordar el barrio.

Vistas de Manhattan

Nueva York a sus pies

Es difícil desde adentro de la isla tener una imagen clara de la inmensidad y el esplendor de una ciudad como Nueva York. Los edificios son demasiado altos, cuesta ver el cielo y uno termina sintiéndose abrumado por momentos. Sin embargo, está lleno de lugares para disfrutar de una buena vista, de día y de noche.

Siempre me pregunté desde dónde estaba sacada esa típica foto del perfil de todos los rascacielos de Manhattan. La respuesta es: desde la terraza del River Café al otro lado el Brookling Bridge. El famoso puente –terminado a fines del 1800 y considerado una maravilla de la ingeniería- tiene unas 18 cuadras de largo y puede cruzarse caminando, en taxi o en subte. La vuelta puede hacerse en el taxi-lancha que parte desde la terraza del River Cafe, cruza el charco y desembarca en el puerto.

Otra opción parecida es el ferry gratuito que une Manhattan con Staten Island. El paseo, que dura unos 25 minutos de ida y otro tanto de vuelta, ofrece una linda vista de la Estatua de la Libertad y una visual panorámica de la ciudad.

El mirador del piso 102 del Empire State ofrece otro ángulo. Uno se siente prácticamente sentado en una nube mirando pasar las hormigas. El ingreso al edificio está abierto hasta pasada la medianoche y la postal nocturna es verdaderamente sorprendente.

Me acuerdo que la última vez que fuimos, era primavera, la noche estaba calida y el mirador lleno de gente. Casi peleábamos codo a codo por tener un buen ángulo para la foto cuando de golpe pasó un avión. Primero escuchamos el ruido y después lo vimos pasar por sobre nuestras cabezas….inmenso, lento.

Me acuerdo también que no pude evitar mirar para abajo y pensar: salgamos de acá ya mismo. No fui la única, dos minutos después, la terraza había quedado completamente vacía.

Vista nocturna de Manhattan desde el mirador del Empire State

2 comentarios:

Juan Carlos Liendo dijo...

Hola....
Que buen blog viajero tienes!! lo que cuentas de NY es fascinante en tu estilo. Vivi allá por tres años y siempre digo que conoci y amé esa ciudad mejor que la mia propia, así que tu estupenda descripcion me ha encantado. Es tan acertada!!! (nos paso lo mismo la primera vez que fuimos a Times Square).
Tambien soy viajero y tengo mi propio blog de algunos viajes. ME gustaria que lo leyeras.
http://laslibretasdetaki.blogspot.com

Bárbara Rojas dijo...

Te recomiendo que visites Ciudad del Carmen un lugar muy bello.

Saludos