viernes, 5 de septiembre de 2008

Misterio en el medio del Océano Pacífico


Ahu Tongariki, el centro ceremonial más grande de Pascua

Hanga Roa, Noviembre 2007. ¿Cómo fue que llegaron a la Isla de Pascua?, me preguntó una vez un amigo después de ver las fotos. La pregunta no se refería al medio de transporte que nos llevó hasta allí, sino cómo -con tantos lugares cerca de Buenos Aires-, se nos ocurrió tomar dos aviones, volar 9 horas e ir a parar a una isla en el medio del Océano Pacífico, por solo cinco días de vacaciones. ¿Agotador?, sí. ¿Interesante?, absolutamente.

Primero, el mapa: la Isla de Pascua (que se llama así porque un holandés la descubrió un día de Pascua en 1722) pertenece a Chile porque es el país más cercano, ubicado –ahí nomas- a 3.526 kilómetros. Sin embargo, forma parte del Triángulo Polinésico, que incluye a Hawai y a Nueva Zelanda.

Casi nadie va de vacaciones a la Isla de Pascua exclusivamente (excepto nosotros, claro) sino que muchos utilizan la escala que hacen los vuelos que van desde Chile a Papeete, la capital de la Polinesia Francesa, un par de veces a la semana. Algunos viajeros recorren la isla en unas cuantas horas y siguen en el mismo vuelo y otros se queda un par de días y esperan el vuelo siguiente.

Todos los paseos en la isla, que por cierto es enorme, giran en torno a su misteriosa cultura ancestral de la etnia rapa nui, cuyos únicos vestigios corresponden a gigantes estatuas conocidas como moais. Todavía hay cierto debate sobre el origen de los moais, pero básicamente se sabe que fueron construidos por los habitantes polinesios de las islas, entre los siglos XII y XVII, como representaciones de sus antepasados muertos.

Cada moai –hay cerca de 400 y solo algunos restaurados- está situado de espaldas al mar encima de un ahu o plataformas ceremoniales, donde eran enterrados los jefes de familia al morir. El objetivo de los moais era que estos proyectaran su mana (poder sobrenatural) sobre sus descendientes y para ello se le insertaban unos ojos de piedra volcánica roja que le daban vida al rostro.

Lejos de lo que uno podría creer no son todos iguales; los hay de diferentes tamaños, posiciones y expresiones, con y sin moño (una especie de sombrero), y solo uno tiene sus ojos rojos colocados. Ese parece estar vivo, o mejor dicho despierto (porque los otros parecen dormidos, no muertos), y para mi, mira al cielo.

Lo que los arqueólogos y nativos todavía discuten es cómo fueron transportados desde el volcán Rano Raraku, en cuyas canteras fueron tallados casi todos los moais que existen en la Isla, hasta cada uno de los lugares donde luego fueron emplazados.


Recién cuando llegamos a Rano Raraku empecé a creerme la historia de los moais porque por primera vez después de tres días de ver a estos gigantes perfectamente restaurados y ubicados en cada ahu, se puede apreciar su creación in situ.

Cuenta la historia que algo inesperado sucedió y las canteras fueron abandonadas repentinamente por los nativos, lo que hizo que muchos de los moais quedaran a medio terminar, desparramados, en una clara muestra del proceso creativo. El más impresionante es uno cuyo rostro emerge de una enorme piedra y luego su cuerpo se va perdiendo nuevamente en el monolito.

Pascua es una isla de origen volcánico con lo cual –y para nuestro desconcierto- uno puede disfrutar poco las impresionantes aguas azules que la rodean porque tiene una sola playa, Anakena (de arenas rosadas por el sedimento coralino), el resto son fotográficos acantilados a los que se puede acceder mediante cuevas.

Cuando uno siente que ya ha tenido suficiente con los moais (“por dios dime que no vamos a visitar a otro de esos amigotes tuyos”, le escuché decir a una turista española el cuarto día de excursión dirigiéndose al guía que nos acompañaba) la excursión nos lleva de visita hasta el cráter del volcán Rano Kau, que ofrece como la mayoría de los paseos en Pascua una sorprendente panorámica, si el clima lo permite.

Además de la misteriosa etnia ancestral sobre vuela una leyenda mística-energética, por llamarla de alguna forma, sobre la isla, que –según se dice- a veces no aparece en los radares de los aviones y por eso es que se la compara con el Triángulo de las Bermudas.

Sentados alrededor de una piedra perfectamente redonda de unos cincuenta centímetros de diámetro (lo cual ya era bastante extraño), al pie de un volcán, el guía propuso una pequeña demostración invitándonos a poner nuestra frente y las palmas de ambas manos sobre la piedra. Nos concentramos, frotamos las manos suavemente en un movimiento circular sobre la piedra y luego las separamos un par de centímetros.

Varios, la mayoría, admitimos sentir una especia de cosquilleo o pinchacitos sobre las palmas, que según el guía era el paso de la energía. Nos reímos y varios quisimos hacer la misma prueba en otras piedras igual de inertes aunque no tan redondas, que había desparramadas por allí. La diferencia fue notoria. Por más que intenté varias veces frotar y alejar las manos, solo la piedra que parecía una pelota perfecta producía el cosquilleo o transmitía la energía. Después sobrevino un enorme silencio y cada uno se fue a sacar sus propias conclusiones al hotel.

Todavía hoy cuando me cruzo alguna piedra extraña hago la prueba de la energía sin éxito, la cuestión –se ve- estaba en ese lugar.

Ah, casi me olvido. Elegimos la Isla de Pascua porque era el destino más lejano y exótico hasta donde nos llevaban nuestras millas de pasajero frecuente a punto de vencer.

3 comentarios:

Germán dijo...

me encantó tu relato yuliet. ¿hay población estable? ¿cómo vive? ¿cómo es? ¿cómo suena su lengua? ¿los chilenos la sienten suya? quiero decir, ¿tan chilena como Chile?

Julieta Valente dijo...

Gracias German!. Con todo lo que preguntas podria hacer todo otro relato, jajaj!!! pero te cuento, efectivamente la isla tiene 3 mil habitantes, "pascuenses", y la mayoria de ellos nacieron alli. Pero cada vez mas hay casamientos mixtos entre pascuenses y chilenos o extranjeros que se instalan en la isla. Entre ellos hablan el idioma "rapanui" y entonces no te das cuenta del acento pero cuando te hablan en español suenan como el resto de los chilenos. No sabria decirte como la sienten los chilenos pero este año por primera vez Pascua tendra un representante en el congreso chileno y eso me parece que es una señal de integracion. saludos...

Angelo Irache dijo...

Wow, maravilloso lugar La Isla de pascua, espero el año próximo poder realizar un viaje de aventuras allí, maravilloso sitio sin dudas.