viernes, 20 de febrero de 2009

Costa Rica, pura vida - Parte II

La Fortuna, Marzo 2007. Segundo día de vacaciones, sigue lloviendo. Y eso que estamos en la estación seca. La temperatura seguramente pasa los 28 grados y es justamente eso –calor más agua- lo que explica el tamaño y el color de la vegetación. La misma planta que en mi casa parece un arbusto tímido acá tiene el tamaño de una persona, lo mismo ocurre con las flores…y también con los insectos.

Tratando de escapar de la lluvia, llegamos hasta el Refugio de Vida Silvestre Caño Negro, en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua.

Por seguridad, dejamos el auto en el hotel y tomamos la excursión. Desde La Fortuna el viaje demora más de una hora por una ruta sin señales, ni carteles, ni paradores. Solo plantaciones frutales, sobre todo bananas.

A medida que nos acercamos a Los Chiles, un pueblo agricultor a 3 kilómetros de la frontera con Nicaragua y paso obligado para llegar a Caño Negro, el paisaje cambia y las plantaciones dejan lugar a una de esas clásicas comunidades de los pasos fronterizos donde se mezclan dialectos, costumbres y resquemores. La pobreza emerge por las ventanillas del micro como una única postal.

Caño Negro es un conjunto de tierras bajas, de inundación estacional, formadas por algunas lagunas y pantanos que dan refugio a una fauna diversa (iguanas gigantes, caimanes, monos y camaleones por nombrar solo algunos de los que vimos) especialmente pájaros.

La vida gira en torno a la laguna Caño Negro, alimentada por el río Frío, que con la llegada de la estación seca, a principios de febrero y hasta abril, queda reducida a lagunitas, caños, surcos y pequeñas playas.

La excursión, con guía naturalista a bordo, consiste en navegar algo más de tres horas por cada uno de los brazos que conforman esta especia de delta, descubriendo su flora y su fauna.

Olivia se divierte señalando con su dedito a los pájaros que supuestamente ella descubre (en una clara imitación al guía), pero su gran entretenimiento llega cuando reparten unas pequeñas botellitas de jugo de sabor dudoso y su gran desafío consiste –con solo 15 meses- es aprender a tomar del pico.

Monteverde, en busca del Quetzal
Para un porteño acostumbrado a hacer 350 kilómetros solo para ver el mar, planificar un viaje por Costa Rica es toda una tentación. Pero si bien las distancias son muy cortas, el país no tiene ninguna infraestructura vial, la mayoría de las rutas tiene solo una mano de ida y otra de vuelta y si las tormentas de invierno producen algún derrumbe el camino queda cortado por semanas.

Así es como para hacer los 98 kilómetros que separan La Fortuna de Monteverde, un pequeño poblado de montaña que alberga uno de los bosques nubosos más importante de Centro América, uno debe invertir no menos de tres horas.

La ruta, un camino de montaña que bien vale la pena recorrer por su paisaje, está absolutamente destruido y en algunos tramos directamente el paso está cortado. Eso es –al menos- lo que nos explicó un lugareño, que milagrosamente estaba parado justo donde unas cuantas piedras atravesadas en la ruta impedían el paso.

Amable y predispuesto, inmediatamente sacó un mapa fotocopiado que mostraba el trayecto alternativo para luego –algunos kilómetros mas adelante-retomar la ruta a Monteverde. Nos cobró cinco dólares por el mapa y se fue a “auxiliar” al auto de atrás.

Sospechamos por cinco minutos y el resto del trayecto nos divertimos calculando cuando dinero ganaría por día nuestro amigo con semejante artilugio.

En Monteverde nos esperaba un hotel en el medio de la montaña, que nosotros bautizamos el hotel de los colibríes porque desde todas sus ventanas colgaban bebederos donde decenas de colibríes diferentes se posaban todo el tiempo a tomar agua.

Los bosques nubosos (bosques de densa vegetación cubiertos por una humedad y una neblina constantes, de allí el nombre) son un paisaje que se repite en Costa Rica, pero definitivamente la reserva biológica bosque nuboso Monteverde, es el más importante.

Hogar natural del esplendoroso Quetzal, ave nacional de costa rica, Monteverde alberga unas 30 variedades distintas de colibríes además de otras especies. El lugar, que tiene la mayor densidad de orquídeas del planeta, es un paraíso para los amantes del avistaje de pájaros.



El recorrido se hace por senderos perfectamente marcados pero la ayuda de un guía es imprescindible para poder descubrir donde están las aves, que ellos reconocen por su sonido, y otras maravillas del lugar.

Cuando los helechos, las orquídeas, los juncos y las bromelias empiezan a parecer la misma cosa, es que uno ya ha tenido una dosis suficiente de biología y lo mejor es cambiar de paisaje.

Monteverde ofrece otras atracciones, como un ranario, con ranas de cualquier color menos verdes, algunas amigables y otras venenosas, y un jardín natural de mariposas que vuelan por todos lados mientras uno trata –en vano- de fotografiarlas.

Este es uno de esos lugares donde uno podría quedarse varios meses a vivir el contacto con a naturaleza sino fuera porque las vacaciones se terminan pronto.

3 comentarios:

chepablo dijo...

viaje con vos Julieta ....muy lindo
Pablo

Julieta Valente dijo...

Pablo, que bueno verte por aca. Anduviste por europa?? contame.

Angelo Irache dijo...

Que impresionante viaje tuviste, realmente no hay nada igual que vivir un viaje de aventura, yo viví uno hace muy poco a través de la agencia de viajes Austral Natura. Te envio un fuerte saludo